Durante mucho tiempo asociamos el pensamiento crítico con una imagen concreta: una persona frente a un problema, reuniendo información y construyendo una respuesta. La inteligencia artificial altera esa escena. La respuesta aparece antes de que la pregunta haya terminado de madurar.
Eso no vuelve innecesario el pensamiento crítico. Lo desplaza.
Ahora debemos decidir qué pedir, reconocer qué no sabemos, evaluar la solidez de una respuesta, integrar perspectivas contradictorias y asumir la decisión final. La producción puede acelerarse; la responsabilidad no.
Cuando la confianza en la herramienta reduce la vigilancia
Un estudio presentado en CHI 2025 encuestó a 319 trabajadores del conocimiento y analizó 936 ejemplos de uso real de IA generativa. Los participantes describieron cuándo aplicaban pensamiento crítico, por qué lo hacían y cuánto esfuerzo les exigía.
Los autores encontraron una asociación importante: cuanto mayor era la confianza en la IA, menor era el pensamiento crítico reportado; cuanto mayor era la confianza del trabajador en su propia capacidad para realizar la tarea, mayor era su revisión crítica. El estudio es autorreportado y no demuestra causalidad. No permite decir que la IA “atrofia el cerebro”. Pero sí revela un patrón de diseño y conducta que merece atención: la confianza mal situada puede reducir la vigilancia precisamente cuando más la necesitamos.
La investigación también observó que el pensamiento crítico no desaparecía, sino que cambiaba de forma. El esfuerzo se trasladaba hacia la verificación de información, la integración de la respuesta y la supervisión de la tarea. Saber escribir desde cero seguía importando, pero también saber auditar, comparar y decidir.
El criterio no es desconfianza permanente
Pensar críticamente no significa rechazar toda respuesta de la IA ni convertir cada conversación en una investigación interminable. Significa ajustar el nivel de contraste al riesgo de la decisión.
Una sugerencia para reorganizar un párrafo no exige la misma verificación que una afirmación médica, una interpretación jurídica o una recomendación educativa que afectará a cientos de estudiantes. El criterio incluye saber cuándo basta una revisión rápida y cuándo hace falta volver a la fuente primaria.
Podemos formular cuatro movimientos:
- Nombrar: ¿qué estoy intentando comprender o decidir?
- Interrogar: ¿qué supuestos, omisiones o ambigüedades contiene la respuesta?
- Contrastar: ¿qué evidencia independiente la apoya o la contradice?
- Responder: ¿qué decisión puedo defender como propia?
Este ciclo convierte la duda en método. No desacredita la tecnología; define una relación adulta con ella.
La creatividad también necesita condiciones
Los resultados de PISA 2022 aportan otra perspectiva. Fue la primera evaluación internacional de pensamiento creativo en 64 países y economías. En promedio en la OCDE, el 78 % de los estudiantes alcanzó al menos el nivel básico de competencia y aproximadamente uno de cada dos llegó al nivel 4, capaz de generar ideas originales y diversas en tareas sencillas.
Pero aparecen tensiones reveladoras. Ocho de cada diez estudiantes creen que es posible ser creativo en casi cualquier materia, mientras que solo alrededor de la mitad cree que su creatividad puede cambiar. Entre el 60 % y el 70 % afirmó que sus docentes valoraban la creatividad, animaban respuestas originales o les daban oportunidades para expresar sus ideas. Esas experiencias se asociaron con puntajes algo mayores, incluso después de considerar características de estudiantes y escuelas.
La creatividad y el criterio no son talentos fijos que una plataforma activa automáticamente. Son capacidades sensibles al entorno: crecen cuando una persona puede proponer, equivocarse, explicar y revisar sin que la respuesta correcta cierre demasiado pronto la conversación.
PISA también registró una brecha socioeconómica promedio de 9,5 puntos entre estudiantes favorecidos y desfavorecidos. Por eso, hablar de IA para ampliar capacidades exige hablar de acceso, acompañamiento y calidad pedagógica. Una herramienta disponible no equivale a una oportunidad distribuida justamente.
Un protocolo GRAVYA para leer respuestas de IA
Antes de incorporar una respuesta generativa a un trabajo, una clase o una decisión, proponemos cinco preguntas:
- ¿Qué parte es un hecho verificable y qué parte es interpretación?
- ¿Qué fuente primaria sostiene la afirmación principal?
- ¿Qué perspectiva relevante falta?
- ¿Qué cambiaría mi conclusión?
- ¿Puedo explicar la idea sin repetir el lenguaje de la herramienta?
La última pregunta es decisiva. Si no podemos reconstruir una idea con nuestras palabras, quizá la hayamos incorporado al documento sin incorporarla al pensamiento.
De usuarios competentes a autores responsables
La alfabetización en IA no debería medirse solo por la habilidad para obtener buenos resultados. También por la capacidad para interrumpir la automatización, detectar una respuesta frágil, reconocer límites y sostener un juicio propio.
GRAVYA llama a ese espacio entre la respuesta recibida y la decisión asumida el tercer espacio: un lugar de conversación donde la velocidad se somete a la claridad y la información adquiere peso.
La pregunta no retrasa el pensamiento. Lo inaugura.
Pregunta para la comunidad: ¿Qué hábito utilizas para comprobar que una respuesta de IA ya se convirtió en una idea propia?
Referencias
- Lee, H.-P. et al. (2025). The Impact of Generative AI on Critical Thinking. CHI Conference on Human Factors in Computing Systems.
- OECD (2024). PISA 2022 Results, Volume III: Creative Minds, Creative Schools.
- UNESCO (2023, actualización 2026). Guidance for generative AI in education and research.
