Hay casas que conservan fotografías. Otras guardan silencios. En algunas, una abuela sabe exactamente a qué hora no se debe atravesar el patio; alguien recuerda una promesa hecha frente a una vela; una puerta se cierra sin viento y nadie pregunta por qué.
Los Arcanos de la Casa nace en ese territorio: el lugar donde la historia familiar, el folklore dominicano y la imaginación espiritual dejan de ser asuntos separados. No es una ilustración exótica del Caribe ni una sustitución mecánica de nombres europeos por personajes locales. Es una investigación artística sobre las imágenes con las que una cultura aprende a temer, resistir, cuidar, recordar y transformarse.
El número detrás del misterio
Un tarot convencional tiene 78 cartas: 22 arcanos mayores y 56 menores. Los menores se organizan en cuatro palos de 14 cartas —diez numeradas y cuatro figuras—. El esquema quedó establecido mucho después de que las primeras barajas aparecieran como juegos de triunfo en la Italia del siglo XV. La asociación dominante con adivinación y ocultismo llegó siglos más tarde, especialmente desde finales del XVIII y durante el XIX.
Esa historia importa porque libera al tarot de una falsa idea de pureza. El tarot siempre ha viajado. Ha sido juego, objeto de lujo, lenguaje popular, herramienta esotérica, obra gráfica y dispositivo de conversación. Sus imágenes han cambiado de ropa, arquitectura, raza y paisaje cada vez que un artista ha necesitado responder a su propio mundo.
Los Arcanos de la Casa entra en esa tradición de transformación. El proyecto plantea 22 figuras mayores dominicanas y una arquitectura menor inspirada en cuatro fuerzas caribeñas: Monte o Tierra, Mar o Agua, Viento y Fuego. En el archivo de trabajo ya existen 72 imágenes recibidas, 59 composiciones únicas y 13 grupos de variantes o duplicados. No son 59 piezas desconectadas: son las primeras evidencias de un sistema.
No decorar el tarot, sino discutir con él
El punto de partida no es: “¿qué personaje dominicano se parece al Ermitaño?”. La pregunta es más incómoda: “¿qué significa la soledad en una isla marcada por migraciones, montañas, ocupaciones, ciclones y despedidas?”. Desde ahí puede surgir el Ermitaño del Pico Duarte, pero también la Ciguapa como orientación imposible, Papá Liborio como fe y resistencia, el Bacá como pacto y deuda, o las Jupías como persistencia de quienes ya no poseen cuerpo.
Cada figura obliga a separar tres capas:
- Registro histórico: fechas, documentos, testimonios identificables y contexto político.
- Tradición oral: relatos cambiantes que no pertenecen a una sola versión ni a un solo autor.
- Interpretación artística: el significado que la carta adquiere dentro de este tarot.
La separación no disminuye el misterio; lo vuelve más profundo. Saber que la primera publicación conocida titulada La Ciguapa apareció en Santo Domingo en 1866 no destruye al personaje. Revela que lleva al menos siglo y medio entrando y saliendo de la escritura. Saber que el movimiento de Olivorio Mateo comenzó en 1908 y que su líder murió en 1922 impide reducir a Papá Liborio a una figura fantástica: antes que arcano fue hombre, curandero, líder y objeto de persecución.
Una casa no es un museo inmóvil
La palabra “casa” no describe únicamente un edificio. Es una tecnología de memoria. En ella conviven lo heredado y lo que nunca se explicó; lo católico y lo indígena; el remedio de patio, la fotografía del ausente, el consejo práctico y la advertencia sobrenatural.
Por eso este tarot no propone un Caribe dócil y luminoso. Su paleta puede contener oro envejecido, negro, humo, sal, óxido, tierra mojada y rojo de promesa. La belleza está presente, pero nunca separada del precio que la produjo. La imagen debe atraer antes de revelar que algo observa desde el fondo.
El proyecto también rechaza otra simplificación: usar “lo taíno”, “lo africano” o “lo campesino” como una textura decorativa. Las fuentes coloniales sobre la espiritualidad taína, por ejemplo, fueron escritas dentro de un proceso de conquista y traducción desigual. Leerlas exige reconocer sus límites. Del mismo modo, las prácticas dominico-haitianas no pueden convertirse en utilería de terror sin recordar la frontera, la esclavitud, la racialización y la supervivencia que les dieron forma.
¿Qué hace una carta?
Una carta no entrega una sentencia. Crea una fricción.
Frente al Bacá, la pregunta puede ser: ¿qué prosperidad estoy dispuesto a pagar y quién carga con ese costo? Frente a la Ciguapa: ¿estoy perdido, o simplemente sigo huellas diseñadas para engañar al perseguidor? Frente a Papá Liborio: ¿cuándo la fe se convierte en comunidad y cuándo el poder comienza a temerla? Frente a las Jupías: ¿qué muertos siguen organizando la vida de esta casa?
La lectura ocurre en esa conversación entre imagen, memoria y presente. No es necesario creer que el mazo predice el futuro para comprender su potencia. Yale describe el tarot como una experiencia visual, táctil, conversacional y auditiva; también como una tecnología para imaginar y desmontar mundos sociales. Esa definición se acerca al corazón de Los Arcanos de la Casa: las cartas no vienen a dictar un destino dominicano. Vienen a abrir una habitación que estaba cerrada.
Del archivo a Turín
Cinco piezas del proyecto —El Bacá, La Ciguapa, Papá Liborio, El Hombre del Sombrero Negro y La Dama Blanca— forman parte de la selección preparada para TAROT ART 2026 en Con/Temporary Spaces Santa Teresa, Turín. La exposición colectiva estará abierta del 28 de agosto al 3 de septiembre de 2026, con vernissage el 29 de agosto a las 17:30.
Hay una simetría hermosa: el tarot surgió como juego visual en la Italia del siglo XV y ahora estas figuras dominicanas regresan a Italia convertidas en arcanos contemporáneos. No para pedir permiso a la tradición, sino para mostrar que la tradición sigue viva cuando puede ser discutida, habitada y transformada.
Los Arcanos de la Casa no pregunta si el Caribe tiene misterio suficiente para entrar en el tarot. Pregunta por qué tardamos tanto en reconocer que ya poseía sus propios arcanos.
Llamado: Sigue la serie para entrar, carta por carta, en las historias del Bacá, la Ciguapa, Papá Liborio, las Jupías, el Hombre del Sombrero Negro y la Dama Blanca.
